MUERTE, RESURRECCIÓN DE JESÚS Y FIDELIDAD DE DIOS


Voy a comenzar haciendo una afirmación que creo es fundamental. No se puede entender la muerte y resurrección de Jesús sin entender su vida. Es más, su muerte y resurrección no tienen ningún sentido si no comprendemos estos sucesos a la luz de lo que hizo Jesús en su vida. La sociedad occidental conmemora el nacimiento, muerte y resurrección como grandes festividades que lo son, sin embargo, es muy probable que hoy en día las personas sin una tradición cristiana carezcan de información suficiente para encontrar sentido a estas festividades cristianas.

Cuando se le pregunta a un cristiano por qué murió Jesús, enseguida responderá, por los pecados de la humanidad. Y si se les pregunta por qué resucitó, inmediatamente responderán sin pensarlo porque era Dios. Pero, si bien la primera relativamente responde al sentido de su muerte, en seguida surge la siguiente pregunta: ¿Qué es pecado? La segunda respuesta es simplemente una herejía porque niega la humanidad de Jesús. Desconoce todos los conflictos que hubo en los primeros siglos para tratar de erradicar esa falsa doctrina que negaba los sufrimientos y muerte de Jesús. Pero bien, tampoco es mi intensión repasar la historia del cristianismo de los primeros siglos. Mi intención es fundamentalmente tratar de comprender el sentido que tiene la muerte y resurrección si miramos estos sucesos a la luz de su vida.

Empecemos por el principio. La cosa comenzó en Galilea. Un hombre llamado Jesús de la ciudad de Nazareth cuando tenía alrededor de treinta años sintió en lo profundo de su corazón de que estaba siendo llamado por Dios para encausar su vida al servicio de su pueblo. Ese llamado es lo que hoy comúnmente llamamos vocación ¿Has sentido en un momento de tu vida que deseas hacer algo que realmente le llena, te hace sentir pleno? En la actualidad esa vocación generalmente se traduce en una profesión. Algunos sienten que serían felices si sirvieran a los demás sanando sus heridas y enfermedades, entonces estudian y se hacen médicos. Otros sientes que serían felices si sirvieran a las personas en riesgo social, entonces estudian y se hacen trabajadores sociales. Otros sienten que serían felices ayudando a las personas a cumplir sus sueños de tener una casa propia entonces estudian y se hacen ingenieros o constructores o arquitectos. Y digo que generalmente la vocación se traduce en profesión porque algunas veces eso no ocurre. Y no ocurre básicamente por aún cuando se siente llamados ha hacer una cosa determinada, terminan haciendo otra porque esa otra quizás le generará más dinero, o más poder, o más fama. Muchos terminan consiguiendo esas cosas pero felices no terminan. Jesús sintió ese llamado que todos sentimos en un momento de nuestra vida y llevó a la práctica esa vocación.

Su llamado consistía en anunciar y experimentar junto a las personas de su pueblo la llegada del Reino de Dios. Pero, ¿Qué significado tenía el Reino de Dios? El reino de Dios no es un lugar, ni el cielo, sino que es el momento en que Dios vuelve a Reinar sobre este mundo, comienza a encausar nuestra historia hacia el propósito original por el cual había sido creado. Dios anhelaba profundamente que su creación (el ser humano, hombre y mujer, y todo lo que le rodea) vivieran en completa armonía y paz. Tampoco Dios quería que el ser humano sea un ser que estuviera obligado vivir de una manera determinada sino que esa armonía y paz fuera producto de una relación en plena libertad. Sin embargo, el ser humano dotado de libertad decidió romper la relación de armonía y paz que le había provisto Dios y decidió seguir su propio camino. El ser humano confiaba en que él era autosuficiente para decidir que era bueno y malo. En conclusión, en esa creación armoniosa y pacífica entró el pecado.

Y cuando digo pecado necesito nuevamente explicarlo partiendo con lo que no es pecado. Pecado no son actos que comúnmente se han denominado como pecado. Generalmente cuando un cristiano habla de pecado se está refiriendo a relaciones extramatrimoniales, o hurtos, o beber alcohol, o matar, o etc. Todas esas cosa que he enumerado no son pecados. El pecado es vivir una vida alejada de Dios. El pecado es tomar decisiones en tu vida totalmente alejada de lo que Dios considera que es bueno para ti. Todo lo demás obviamente son consecuencias del pecado, pero en estricto rigor el pecado es uno, es decir, vivir una vida distanciada de Dios.

Volviendo a Jesús. Cuando el anunciaba que el Reino de Dios había llegado, estaba diciendo que había llegado el momento oportuno para retornar nuestras vida al camino trazado por Dios. Estaba señalando que la única forma de ser realmente felices, de vivir en armonía y completa paz, era dejando que Dios encause nuestras vidas porque no somos nosotros quienes sabemos como vivir bien y en armonía sino que realmente es Dios quien nos puede ayudar a conseguir esa plenitud, felicidad, armonía y paz. No había que ser suficientemente un genio para entender esto. En realidad la historia que hemos construido los seres humanos es básicamente una historia llena de infelicidad, injusticias, guerras, genocidios, muertes, sufrimientos, explotación. Esas son las consecuencias de haber creído que podíamos determinar que era bueno y que era malo por nosotros mismos.

Para Jesús el momento de cambiar el curso de la historia había llegado. Entendía que la única forma de no seguir incurriendo en los mismos errores era arrepintiéndonos del camino que habíamos escogido y aceptar que Dios podía llevar nuestra vida a un buen fin. Entendía que a través de leyes se podían regular las acciones de los seres humanos, por ejemplo: leyes contra el divorcio, leyes contra el asesinato, leyes contra las guerras, leyes contra la violencia, las injusticias, etc. Sin embargo, con leyes no se atacaban el problema de raíz. Y como la raíz del problema era el pecado, es decir, el vivir alejados de Dios, entonces la solución era volverse a Dios, entender que Dios estaba cerca, que Dios deseaba que vivieras feliz y pleno, pero que eso se conseguía aceptando que Dios gobernara la vida de las personas. Pero como Dios nunca ha querido imponer su voluntad, esa decisión tenía que tomarla cada persona. Así Jesús comienza a invitar a las personas de su tiempo a vivir y aceptar el Reino de Dios.

Al iniciar su ministerio de vivir y anunciar el reino de Dios se da cuenta de que hay personas dispuestas a encausar su vida de acuerdo a la voluntad de Dios. Entonces se forma un grupo de amigos que poco a poco va creciendo. Con Jesús, este grupo de amigos va a prendiendo que significa vivir bajo la soberanía de Dios. Van aprendiendo y experimentando que efectivamente se podía vivir plenos, felices, en paz y armonía. Sin embargo, para conseguir lo tan anhelado se debía vivir de una forma distinta. Si antes creían que se podían conseguir la felicidad acumulando riquezas, con Jesús se dieron cuenta que la felicidad se conseguía compartiendo lo mucho o poco que se tenía. Si antes creían que ayudar a una persona necesitada era una perdida de tiempo en la búsqueda de la felicidad y plenitud, con Jesús se dieron cuenta que era justamente perdiendo el tiempo con esa persona necesitada que se ganaba la plenitud y la felicidad. Si antes creían que para conseguir una vida armoniosa se podía pasar a llevar a cualquiera que se interpusiera en el camino, con Jesús se dieron cuenta que era justamente respetando la vida de los demás que se conseguía una vida armoniosa. Si antes creían que para lograr su objetivo de vivir plenamente era necesario servirse y explotar a los demás, con Jesús se dieron cuenta que sirviendo a los demás es que se podía lograr vivir plenamente.

Esta nueva formar de vivir tenía enormes costos pero lo que se conseguía era aún más valioso. En esta nueva forma de vivir había nuevas prioridades. Incluso se rompían esquemas y leyes considerados por la sociedad como inquebrantables. Si en aquella sociedad en la que se encontraba Jesús era sagrado respetar el día sábado, para Jesús era mucho más importante que un enfermo pudiera recobrar su salud física, aún cuando en sábado se prohibiera curar a un enfermo. Si en aquella sociedad era importante respetar leyes que regulaban la pureza de la vida cotidiana como, por ejemplo, hacer el ritual de lavado de manos antes de comer, para Jesús más importante y puro era guardarse de no ensuciar la vida de los demás a través de insultos y descalificaciones.

Muchas personas se fueron convenciendo que Jesús tenía razón. Y no sólo porque Jesús decía cosas verdaderas, sino porque esas palabras iban acompañadas de acciones concretas que respaldaban lo que estaba haciendo diciendo Jesús. Las personas que se acercaban a Jesús efectivamente experimentaban una transformación radical de sus vidas y de manera integral. Los enfermos se sanaban, los excluidos se sentían incluidos en Jesús, aquellos que habían sido rechazados por la sociedad porque según ellos eran rechazados por Dios, al encontrase con Jesús no solo experimentaban la inclusividad de Jesús sino que también y quizás por primera vez se sentían y experimentaban una real cercanía con Dios. Por lo tanto, al ver estas señalas el movimiento de Jesús fue creciendo y muchas personas veían que Dios estaba realmente en Jesús, en sus palabras y en sus acciones.

Pero lo que estaba llevando a cabo Jesús no era bien visto por todos. Jesús inquietaba principalmente a los que se privilegiaban del orden existente. Aquellos que el orden social les acomodaba no deseaban que las cosas cambiaran.

Los que se privilegiaban del poder religioso no deseaban que las cosas cambiaran porque hacer caso a lo que decía Jesús significaba transformar radicalmente como se entendía religión. Las autoridades religiosas eran los únicos capaces de determinar que persona tenía una buena relación que con Dios y quien no. Ellos tenían la autoridad para incluir y excluir. En cambio, Jesús creía Dios no excluía a nadie, que Dios no se alejaba de nadie, que todos podían tener acceso a la reconciliación con Dios únicamente a través del perdón sin la mediación de una autoridad religiosa o una institución como el templo. Para las autoridades religiosas Jesús era un enemigo que ponía en riesgo sus privilegios y beneficios.

Los que se beneficiaban del poder político también vieron un enemigo en Jesús. Para Jesús los poderosos debían renunciar al uso del poder y la violencia porque el único digno de gobernar la vida de las personas y formar una sociedad más justa era Dios. Por lo tanto los poderosos debían renunciar al uso del poder y transformarse en servidores de los demás.

A los ricos tampoco les gustaba mucho Jesús, porque no concebían que la felicidad se consiguiera renunciando a las riquezas, por lo tanto, Jesús ponía en riesgo su estilo de vida. Además les enrostraba que gran parte de sus riquezas habían sido acumuladas en base a la explotación de los más débiles. Jesús ponía como modelo de justicia a Dios a través de una parábola en la que un hombre pagaba a sus trabajadores no por la cantidad de horas de trabajo sino que pagaba de acuerdo a lo que el consideraba que era justo para cada uno de sus trabajadores.

Estos poderes nombrados anteriormente fueron los que se unieron para matar a Jesús y lo consiguieron. Jesús fue consecuente hasta el final con su vocación al servicio de Dios y de los demás porque realmente creía que este era el camino que podía conducir nuevamente a vivir en paz, en plenitud y armonía. Sin embargo, los que se beneficiaban del antiguo orden formado por el pecado no les pareció bien. Para Jesús el orden de la sociedad que ellos defendían era pecaminoso, alejado de lo que Dios pretendía para el ser humano, en su lugar propuso un nuevo orden de cosas, un nuevo orden de relaciones humanas que era precisamente el orden que Dios quería. Sin embargo, a Jesús lo mataron por proponer ese nuevo orden de cosas llamado Reino de Dios.

Hasta aquí podemos comprender efectivamente por qué mataron a Jesús. A Jesús lo mataron porque su propuesta estaba en contradicción con los valores que imperaban en aquella sociedad judía. Lo mataron porque cuestionaba el orden de una sociedad que privilegiaba a unos pocos pero que excluía a gran parte de los demás. Lo mataron por denunciar a aquel orden como un orden pecaminoso y promover un nuevo orden llamado Reino de Dios

Pero ¿Por qué muere Jesús? ¿Por qué Dios permite que muera injustamente si realmente estaba cumpliendo y llevando a cabo lo que Dios mismo tenía planeado para la humanidad? ¿Fue Jesús abandonado por Dios justamente en el momento más crucial de su vida?

Estas preguntas son las que precisamente embargaron la vida de los discípulos de Jesús. Cuando el proyecto de Jesús se mostraba ante los ojos de los demás como exitoso nadie se cuestionaba si Jesús estaba respaldado por Dios. Es más, todo apuntaba hacia el hecho de que efectivamente Dios estaba respaldando el proyecto de Jesús. Sin embargo, cuando se comenzaron a enfrentar las primeras dificultades y ya finalmente cuando Jesús muere en la cruz, en muchos discípulos entró la duda respecto de si lo que estaba haciendo Jesús estaba siendo respaldado por Dios.

Pareciera ser que la desilusión es algo habitual en el ser humano. Cuando todo nos va bien, cuando parece que el éxito nos acompaña nos sentimos que estamos siendo respaldado por Dios, pero cuando las cosas no resultan, o hay problemas o se bienes las crisis pareciera ser que Dios nos ha abandonado ¿Cuántas veces no nos ha sucedido lo mismo en nuestra vida, incluso en nuestra iglesia?

Efectivamente varios discípulos desilusionados dejaron a un lado el proyecto del reino de Dios y volvieron a sus hogares. Ejemplos encontramos varios en los evangelios: Era sólo un profeta más, Era tan solo un buen maestro, los pecadores volvieron a sus barcas a pescar, y en el fondo de su ser Jesús había sido un justo más desamparado por Dios. Hasta pareciera que Jesús mismo en la cruz se sintió abandonado. Sin embargo, ¿había sido realmente abandonado por Dios?

Pero lo que intentan señalarnos los evangelios es justamente lo contrario. Dios no había abandonado a Jesús ni el proyecto que el estaba encarnando. Dios aún mantenía su respaldo. Dios aún mantenía su fidelidad para con Jesús y su proyecto. Y es en el momento cuando más sentía abandonado Jesús que Dios estaba más cerca. Dios estaba padeciendo los sufrimientos de la cruz tal como lo estaba haciendo Jesús. Dios estaba más cerca que nunca, Dios estaba en Jesús. Cuando se estaba rechazando a Jesús se estaba rechazando a Dios. Cuando se estaba azotando a Jesús se estaba azotando a Dios. Cuando Jesús daba su último suspiro era Dios quien estaba dando su último suspiro.

La fidelidad de Dios a Jesús y su proyecto era tal que la muerte no podía tener la última palabra y en este contexto es el que se enmarca la fe en la resurrección de Jesús. La resurrección de Jesús es la fidelidad de Dios para con la vida de Jesús y su proyecto. Jesús había encarnado el proyecto de Dios y este en ningún momento lo abandonó sino que se identificó a tal punto con Jesús que no podía dejar que su vida terminará con la muerte, sino que tenía que triunfar la vida sobre la muerte, tenía que triunfar la muerte sobre el pecado.

Cuando conmemoramos la muerte y resurrección de Jesús estamos celebrando el triunfo del proyecto de Dios. Celebramos que es posible vivir y experimentar el nuevo orden de relaciones que anunció y experimentó Jesús en vida, celebramos la continua presencia de Jesús en la vida de los discípulos de Jesús que ahora llamamos iglesia. Celebramos la fidelidad de Dios para con cada uno de nosotros y celebramos la oportunidad que nos da nuevamente Dios de poder experimentar en el presente una vida feliz, plena, en paz y armonía. Celebramos nuestro compromiso de anunciar y vivir el reino tal como lo hizo y los está haciendo Jesús hasta el día de hoy acompañándonos día a día en nuestra vida cotidiana.

El libro de los Hechos nos relata un evento sumamente especial con que quisiera terminar esta reflexión. Este libro nos dice que Pedro, uno de los discípulos de Jesús, uno que se había decepcionado, uno que creía que Jesús había sido abandonado por Dios pero que después fue restituido en su fe, se dirigió a una multitud de personas que se encontraban en Jerusalén de la siguiente manera:

Pueblo de Israel, escuchen esto: Jesús de Nazaret fue un hombre acreditado por Dios ante ustedes con milagros, señales y prodigios, los cuales realizó Dios entre ustedes por medio de él, como bien lo saben. Éste fue entregado según el determinado propósito y el previo conocimiento de Dios; y por medio de gente malvada, ustedes lo mataron, clavándolo en la cruz. Sin embargo, Dios lo resucitó, librándolo de las angustias de la muerte, porque era imposible que la muerte lo mantuviera bajo su dominio.

Por tanto, sépalo bien todo Israel que a este Jesús, a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Mesías». Cuando oyeron esto, todos se sintieron profundamente conmovidos y les dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: —Hermanos, ¿qué debemos hacer?

La pregunta que hicieron es tos judíos al escuchar a Pedro es la que efectivamente nos podemos estar haciendo: ¿Qué debemos hacer? Pedro en esa oportunidad contestó:

Arrepiéntase y bautícese cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados —les contestó Pedro—, y recibirán el don del Espíritu Santo.

Eso que Pedro contestó es lo mismo que podemos decir de la siguiente manera: Si realmente deseas que tu vida sea plena, feliz, de armonía y de paz, debes reconocer que la única forma es dejándote guiar por la voluntad de Dios. La voluntad de Dios no es una obligación es una decisión voluntaria. Luego de reconducir tu vida de acuerdo a la voluntad de Dios deber ser parte de una comunidad de discípulos (el sentido de ser bautizados) por que es en una comunidad donde puedes poner en práctica los valores que Jesús promovía y te conducen a la tan anhelada vida plena.

¿Te has sentido abandonado por Dios? Ten la plena confianza de que así como Dios jamás abandonó a Jesús tampoco te abandonará a ti. Y cuando te sientas más afligido y lleno de problemas es cuando Dios está más cerca de ti. La fidelidad de Dios permanece para siempre y es gracias a ella que obtenemos una vida plena y feliz.

¿Sientes que tu vida aún no esta encaminada de acuerdo a la voluntad de Dios? Este puede ser el momento de encausar tu vida y comenzar una nueva vida bajo los valores del Reino de Dios.

¿Por mucho tiempo te has considerado cristiano o cristiana pero te a costado vivir los valores propuestos por Jesús o pensabas que ser cristiano tenía que ver con otras cosas más religiosas y no habías podido experimentar la nueva vida que ofrece el Reino de Dios? Puede ser este el momento oportuno de volver a comenzar.

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6 comentarios en “MUERTE, RESURRECCIÓN DE JESÚS Y FIDELIDAD DE DIOS

  1. Estimado pastor Edgardo:
    En su blog he logrado encontrar la explicacion a muchas interrogantes que siempre he tenido y tengo todavia. Encuentro que a su persona la esta guiando el espiritu de Dios
    Adelante en su propositos. Bendiciones del Señor Jesus.
    Ing. Guillermo Layza
    P.D.
    Soy un cristiano que estuve 38 años en una congregación cristiana que proclamaba que era la iglesia verdadera y que luego de estudiar seriamente sus doctrinas tuve que renunciar junto con mi familia.
    han pasado 7 años y mi congrego en mi casa los sábados en la noches con mi esposa y mi hijo Christian Gabriel que por casualidad tambien es Chileno. Nacio el año 94 en Quillota. – Valparaiso.

    1. Muchas gracias Guillermo por tu comentario. Te animo a continuar en el seguimiento de Jesús desde tu hogar. Saludos a tu familia

      1. Felicitaciones muy buena descripción de quien es en verdad Jesús, pareciera que Dios antes de Cristo era un Dios malo por así decirlo y después de la muerte y resurrección de Jesús es un Dios más bueno y nos hace reflexionar sobre nuestro estilo de vida.

        Para tener una vida feliz en armonía y en paz, Simplemente con arrepentirse no basta, sino tomar una acción reivindicatoria de nuestros actos con los demás y lo del bautismo para vivir en una comunidad de discípulos no es necesario puesto que Dios en su gran sabiduría sabrá recompensar a todos los buenos.

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