Sobre barcas, mar y tormentas


En estos últimos años cada vez que camino por el borde costero pongo mi mirada en el mar. Mi infancia y mi adolescencia la viví en un pequeño pueblo del sur de Chile. Mi pueblo se encuentra más cercano a la cordillera que al mar, por lo tanto, el mar no era para mí algo cotidiano. De hecho hasta mis 20 años habré conocido unas 3 veces el mar, y toda la realidad que este encierra y le rodea.

pordosol-com-pescadorHoy, el mar representa una realidad cotidiana ya que basta con mirar por mi ventana y ahí está. Mucho más cercano y significativo es el mar, por ejemplo para un pescador artesanal. El mar representa su vida; representa el sustento diario para él y para su familia.

Muchas veces hemos visto el mar en verano, tranquilo y con una suave brisa. Pero también muchas veces hemos visto el mar en invierno; fuertes vientos y gigantescas olas amenazantes. A nadie le gustaría estar cerca en ese momento. Intento imaginarme lo que puede sentir un pescador que se interna mar adentro con una suave brisa y un mar en absoluta tranquilidad. Intento imaginarme lo que siente ese pescador cuando esa absoluta tranquilidad se transforma en una terrible tempestad que amenaza su vida. Intento imaginar lo que puede sentir también la familia de ese pescador que se encuentra de cara a una tormenta en una embarcación de fragilidad extrema.

poster_tormenta_gEs curioso. Los evangelios nos muestran una escena bastante similar. En una oportunidad los discípulos de Jesús, muchos de ellos pescadores, se internan en el mar junto a su Maestro y lo que parecía un viaje bastante tranquilo se convierte en una tormenta. El evangelio nos dice que se desató una tormenta, con un viento tan fuerte que las olas caían sobre la barca, de modo que se llenaba de agua. No estamos hablando de un gran barco pesquero de esos industriales, sino de un pequeño bote de pescadores artesanales.

El evangelio nos cuenta que Jesús se encontraba durmiendo mientras los discípulos intentaban salvarse. En medio de la desesperación le gritan a Jesús: ¡Maestro! ¿No te importa que nos hundamos? ¿No te importa que nos muramos?

Jesús se levantó y dio una orden al viento, y dijo al mar: ¡Silencio! ¡Quédate quieto! El viento se calmo y todo quedó completamente tranquilo. Después Jesús mirando a sus discípulos les pregunta: ¿Por qué están asustados? ¿Todavía no tienen fe?

Siempre me he preguntado por el significado de este relato, o por qué era tan importante como para persistir en la memoria de los creyentes. El evangelio de Juan nos dice que Jesús hizo muchas cosas y que se necesitarían muchos libros para poder escribir todo lo que hizo y dijo. Pero este es uno de esos relatos que era importante recordar ¿Cuál es la importancia? ¿Querían demostrar con este relato el poder de Jesús? Es posible. Pero quiero contarles algo, hay algo mucho más importante para Jesús que demostrar su poder, y esa es la vida. Jesús se preocupo de la vida de sus discípulos.

3909061-mdLa muerte de Jesús significó una gran tormenta para la vida de los discípulos y de la comunidad cristiana que emergía. Sin embargo, una fuerza en su interior los impulsó a continuar. Las palabras y vivencias junto al Maestro hacían que sus corazones ardieran. Esas palabras y vivencias impulsaron a los discípulos a ver que la vida no termina en un Viernes Santo sino en Domingo de Resurrección.

En medio de todo el sufrimiento producido por la pérdida del Maestro, los discípulos se dieron cuenta que la vida se parece a una frágil barca navegando mar adentro. Entendieron que hay momentos de la vida en que parece que navegamos en un mar apacible, tranquilo y con una suave y cálida brisa. Pero también entendieron que hay momentos en que navegamos en medio de una tormenta con un viento tan fuerte que parece que nos hundimos.

pescadorY donde todos vemos solo sufrimiento y nos parece que nos hundimos, los discípulos de Jesús experimentaron en sus vidas que no estaban solos. Se dijeron unos a otros en esta barca no estamos solos, sino que con nosotros está el Señor que fue capaz de calmar la tormenta. Con los ojos de la fe vieron que el maestro no dormía. Estaba vivo y calmando la tormenta.

¿Eres de esos que cree que la vida se parece a una barca mar adentro? ¿Te has sentido en una gran tormenta y que el Maestro duerme? El maestro te pregunta: ¿Por qué te asustas? ¿Por qué no confías?

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