La experiencia comunitaria de Dios sigue siendo vital


Pinturas+en+techo+Iglesia“Creo en Dios, pero no siento la necesidad de ir a una iglesia”.

“Creo que Dios es un sentimiento que se siente dentro, que se lleva con uno. El problema está en que hay gente que se ha aprovechado de ese sentimiento para sacarnos dinero”.

“Las religiones son lo mismo que los partidos políticos, necesitan adherentes”.

“La gente se aburrió de que le estén diciendo siempre lo que tiene que hacer”.

“Yo creo que la iglesia está muy atrasada; son anacrónicos, no están en función de los tiempos. Siempre están a mayor distancia”.

Estas frases fueron expresadas por algunos chilenos encuestados para un artículo sobre partencias religiosas realizado por el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas para Chile (PNUD) 2001. Las opiniones vertidas reflejan la crisis que enfrenta el cristianismo. Una religión con profundos rasgos comunitarios ha mutado a una experiencia religiosa de índole privada e individualista.

¿Cómo se puede explicar esta transformación? Se pueden airear muchas causas tanto internas como externas. Sin embargo, pese a toda causa que se pueda mencionar, pese a la culpabilidad que pueda tener la propia iglesia, en el fondo tanto el individualismo como la privatización son las consecuencias de una crisis mayor que afecta a toda la cultura occidental y que ha afectado todo ámbito de nuestra existencia.

¿Es posible mantener la fe cristiana en su dimensión comunitaria? La individualización es un hecho y los desafíos que ella nos plantea necesitan la búsqueda de respuestas también en la experiencia religiosa. Quienes vivimos nuestra fe en su dimensión comunitaria nos vemos confrontados cada vez más con estas preguntas y la vitalidad de nuestras comunidades depende de la capacidad de responder a esta crisis.

Frente a las opiniones vertidas es imperioso responder que:

¡Dios no es patrimonio de las Iglesias! Sin embargo, esto no quiere decir que Dios no sea vivenciado comunitariamente.

¡Dios no es una categoría utilizable para aprovecharse de los sentimientos íntimos del individuo! Debo reconocer que es bastante común ver hoy en día cómo muchas pseudos-iglesias se aprovechan de los sentimientos genuinos de muchas personas y en nombre de Dios se llenan los bolsillos con el dinero de gente muy humilde que ante la oferta de prosperidad se han despojado de todo lo que tienen.

¡La iglesia no necesita adherentes al igual que un partido político! Que algunas de ellas funciones bajo está lógica es totalmente cierto.

¡La iglesia no está para decirle a la gente lo que tienen que hacer! También es cierto que muchas iglesias imponen patrones de compartimiento con categoría de ley. Algunas, incluso utilizan el miedo como mecanismos de control conductual.

¡La iglesia no existe para mantener tradicionalismos, ni tampoco para mantener el status quo! Lamentablemente el anquilosamiento de la iglesia en muchas materias contingentes no sola le resta credibilidad, sino que también la hace ver como un anacronismo.

¿Cuál debe ser el fundamento para seguir vivenciando la fe cristiana desde su dimensión comunitaria? ¿Qué respuesta puede tomar en serio la crisis planteada? ¿Existe oportunidad en medio de esta crisis?

Quisiera responder compartiendo un diálogo que tuve con un amigo mientras nos encontrábamos en un Pub. Él me comentaba que Dios es una experiencia individual y que desde su perspectiva dicha fe no necesita de un experiencia comunitaria. Agregaba además que Dios no lo encuentra en una iglesia sino que cada vez que veía el mar ahí estaba Dios, es decir, en la contemplación de la naturaleza. Yo respondí: “Tú experiencia de Dios ha sido tan importante para mí, porque no me daba cuenta que mirando el mar podía encontrar a Dios”.

iglesiaLa experiencia de Dios en el individuo es tan importante, tan genuina y tan única que compartirlo a otros se constituye en una necesidad vital. La fe genuina experimentada desde el individuo se ha constituido en el fundamento de una fe vivenciada en una comunidad. La comunidad ha pasado a ser vital por cuanto es en esta dimensión donde puedo hallar, aprender y experimentar nuevas posibilidades de búsqueda, apertura y encuentro con Dios. Somos así partícipes de esa gran nube de testigos de la fe de la cual habla el autor de la Carta a los Hebreos y que nos permite caminar con paciencia el sendero que tenemos por delante.

Vistas las cosas de esta manera, es evidente que se hace necesario un cambio estructural en el modo como se viene haciendo iglesia. Para ello es necesario poner menos énfasis en aquellos aspectos institucionales, más bien, será necesario todo un programa de des-institucionalización para dar paso a una genuina experiencia comunitaria movida por un espíritu de libertad, fraternidad e igualdad.

Sí las iglesias no toman enserio estas interrogantes y persisten en su anquilosamiento en vez de apostar por una genuina dimensión comunitaria, tendremos que buscar otras instancias donde podamos vivir una fe comunitaria enriquecida por nuestras personales experiencias de Dios. Si las iglesias persisten en ahogar la fe comunitaria con el yugo de las estructuras burocráticas e institucionales tendremos que vivenciar la fe comunitaria compartiendo nuestras experiencias en otros espacios como en un Pub.

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